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P. José Ma. Vilaseca

"Hacer siempre y en todo lo mejor"

Nació en Iguala, España el 19 de enero de 1831, bautizado como José Jaime Sebastián Vilaseca. Fue defensor de la Virgen María (de ahí el cambio de nombre a José María Vilaseca); devoto y promotor de la devoción a San José.

Un acontecimiento que quedó impreso de la infancia de Vilaseca fue cuando su madre lo llevaba al Monasterio de Montserrat, apenas cumplía dos años de edad. En el camino sufrieron un accidente y el carruaje en que viajaban estuvo a punto de caer en un gran precipicio. Su madre invocó a la Virgen de Montserrat y, en aquel momento, una mano invisible detuvo el carruaje y salieron salvos y sanos. Su madre, agradecida lo consagró a María.

El Padre Buena Ventura Armengol, vicentino, lo invitó a ser misionero en México en 1853. El 20 de marzo de 1853 desembarcó en Veracruz de donde prosiguió el viaje en diligencia a la capital, a la que llegó el día viernes 25 de marzo, el viernes Santo. José Vilaseca fue recibido en casa central de los Misioneros de San Visente de Paúl donde inició el noviciado, el cual fue feliz y bien aprovechado, cumpliendo con fervor las prácticas de los novicios bajo la dirección del Padre Juan Boquet.

Hizo sus votos como vicentino en 1855 y se ordenó sacerdote el 20 de diciembre de 1856 en manos del Arzobispo de México. Al día siguiente celebró su primera misa en la iglesia del Espíritu Santo. En esa primera misa tomó como Padrino al Señor San José.

En el año de 1857 el día 13 de octubre los Superiores lo enviaron a Puebla donde permanece hasta 29 de noviembre de 1858 para volver a la ciudad de México. Después de esto le siguieron muchos viajes a otros lugares como: San Juan del Río Querétaro, Polotitlán Estado de México, San Jerónimo Aculco Ciudad de México, Huichapan Hidalgo, Monterrey, Santillo Coahuila,

Fue defensor de la Virgen María (de ahí el cambio de nombre a José María Vilaseca); devoto y promotor de la devoción a San José. Apóstol de la juventud mexicana e incansable misionero, especialmente de los pobres e indígenas, con espíritu sencillo, humilde y gran celo apostólico. Escritor, formador de sacerdotes, misionero y educador, abrió colegios y escuelas, asilos, hospitales. Fundador de las primeras Congregaciones Mexicanas.

El 22 de septiembre de 1872 fundó la Congregación de Hermanas Josefinas, con el establecimiento de una escuela primaria en la ciudad de México. En 1890, ante la necesidad de una educación sólida para niñas Veracruzanas, y por peticiones especiales del Cura Ignacio Rosete, a través de las señoras Tomasa Velasco de Mosquera y Guillermina Castilla de Pérez, el Padre José María Vilaseca envió al puerto de Veracruz cinco religiosas de la Congregación para fundar el ahora Colegio La Paz de Veracruz, A.C.